El chavismo realengo está en la calle y le dice no a la guarimba (Fotos)

Hoy el chavismo salió a la calle y parece poco probable que vuelva a la casa o al closet. La gente se cansó de la guarimba y anda desafiante pidiendo justicia.
Eso es lo que se percibe, se siente en Sabana Grande y Plaza Venezuela, sin dejarse contaminar en esa mirada por lo que desde sus computadoras, tablas y teléfonos escriben los usuarios de las redes sociales con simpatías hacia uno u otro lado.

Poco después de las 10 de la mañana ya la Plaza Venezuela estaba con bastante gente, tanto aquellos que venían en grupos, como otra vaina cantidad que llegaba por su cuenta y riesgo. O sea, los chavistas realengos. 
Esos que no se mueven con ningún operativo partidista sino cuando literalmente les da la gana. O, como debe haber ocurrido hoy, cuando se sienten amenazados. Estos no andaban uniformados ni con gorras o camisas rojas. Andaban como la gente común y corriente que va al trabajo o de paseo. Por eso la imagen roja de los alrededores de la fuente tenía toques azules, amarillos, morados y hasta blancos.
Ya el traslado en Metro, desde La Rinconada, se pintó de mucho rojo con el ingreso a los vagones de "manadas" de chavistas maracuchos, quienes con sus chistes y preguntas intimidaban a los pocos activistas de oposición que se movilizaban, provenientes de los altos mirandinos, para atender la convocatoria de Leopoldo López.

En torno a la fuente la gente comía, se tomaba fotos en grupos y otros bailaban y cantaban al ritmo de tambores y en homenaje al comandante Hugo Chävez. En un columpio, frente a la torre Polar, unos niños se turnaban para usarlo.
En los alrededores del Metro el comercio formal e informal y el transporte colectivo funcionaba como de rutina, quizá un poco lento por el cierre parcial de la vía.

Justo en el inicio del bulevar de Sabana Grande una veintena de estudiantes agitaban banderas y expresaban su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro. Y desde el antiguo edificio Los Andes, convertido en residencia estudiantil, grupos asomados a los balcones gritaban a los ciudadanos opositores, que uniformados de blanco (cual santeros) y con la gorra tricolor, emergían del Metro.


El cierre de varias estaciones del subterráneo los obligaba a caminar todo el bulevar, rehabilitado hace dos años por la industria petrolera a través de La Estancia, brazo social y cultural de PDVSA.
La caminata, bajo un sol caribeño, de los pequeños grupos familiares o de amigos, con destino a Chacaíto, no fue fácil y muchos abandonaron a mitad del camino. Además su actitud no era nada festiva y entre ellos se notaba nerviosismo y tensión.

En la 3era avenida de Las Delicias, que conecta las avenidas Casanova y Francisco Solano, estaba instalado un sólido cordón policial. Quienes estaban del lado del Chacaíto podían salir. Desde el bulevar no se permitía el paso.
A lo lejos, abajo, casi en la plaza Brión se veían un camión antimotines de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Alli venía Leopoldo López, quien ya había sido aprehendido en  cumplimiento de una orden judicial.

La "tanqueta" avanzaba con dificultad escoltada por policias, guardias y por los propios adeptos de López. En el cruce se esperaba como mínimo una buena "coñaza" mientras los manifestantes prometían no dejar que se llevaran al lider de Voluntad Popular.
Pero no pasó nada. El forcejeo ni se sintió. Unos pocos corrieron asustados y la mayoría se dedicó a tomar fotos y a gritar su apoyo al detenido. Otros se alejaron ante el imperceptible lanzamiento de gases irritantes o al menos estornudantes.

El vehículo cruzó hacia la avenida Casanova y en cosa de de 4 o 5 minutos la presencia de López quedó en el pasado recientísimo.
Alguien frente al cordón se preguntó a gritos y con voz llorosa que iban a hacer con su líder encarcelado, quien los orientaría ahora. Nadie le contestó.
Se comenzaron a retirar, mientras que los manifestantes que quedaron del lado Chacaíto presionaban por avanzar hacia Sabana Grande, para usar el sistema Metro. 
Hubo un momento de tensión y forcejeo cuando el vehículo que traslado a López regresó a la plaza. Lanzaron basura y algún muchacho se atravesó cinematográficamente para evitar su paso. Dudó y fue apartado. Y alli terminó todo.

Minutos después abrieron el paso y cada quien comenzó el retorno a casa.
Este regreso no fue tampoco nada facil. La gente venía triste y decepcionada y además hacía Plaza Venezuela el camino es de subida.
Ya en el inicio del bulevar los estudiantes y otros ciudadanos partidarios del chavismo se mantenían manifestando su preferencia. 
Un militar con megáfono le decía los activistas de oposición que se dirigieran a la estación Zona Rental, que era la que estaba disponible. Para cruzar la avenida Las Acacias los chavistas realengos (que no fueron a la marcha sino que se quedaron en Plaza Venezuela) les armaron un callejón de deshonor para encararlos y criticarles su postura política, a la que calificaban de "entreguista" y "vendepatria".
No pasaron muchos minutos para que se pasara a las bravuconadas y los pocos opositores que por ahi quedaban pegaron la carrera perseguidos por la multitud.
Los mandaron bien lejos, más allá de la Zona Rental, y la policía tuvo que intervenir para evitar daños personales. 
De regreso muchos expresaban su decisión de darle un "parao" a los guarimberos y a las acciones que han alterado la cotidianidad de muchos ciudadanos. "Ya basta" dijeron y siguieron felices en la calle.





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