Plan fascista busca liquidación moral y física de la GNB (Cuatro F N° 122 Mayo 2017)

“Te amo mucho hija, me siento bien al tenerte”, escribió Niumar Sanclemente en su perfil personal de Facebook el pasado 22 de diciembre.

Agregó al texto la foto de una bebé en su cochecito con un cintillo rosado y lazo amarillo enmarcando su cabecita. Al lado un “selfie” donde se le ve con el uniforme de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), el componente de la fuerza armada de Venezuela que tiene las principales responsabilidades en el mantenimiento de la paz y el orden interno.


Unos días antes había publicado otras fotos de la pequeña, incluyendo una donde se le ve en ropa de casa cargándola y sonriendo. Era una forma de presentarla en público y así lo dijo. Pero también expresó su sentimiento por lo que implicaba su trabajo como sargento de la Guardia: “Desaparecido como siempre, solo un tiempo, pero aquí estoy de nuevo”.

Así se lo imponía su compromiso como guardia nacional bolivariano. No era un trabajo como cualquier otro, donde se regresa cada día a casa luego de la jornada. Seguramente eso lo motivaba a preguntarse, como lo hacía en septiembre, unos meses antes, “si estuvo bien haber escogido esto”.


Todo indica, sin embargo, que la llegada de la bebé y estar disfrutando un asueto navideño, le hizo olvidar esa preocupación o ponerla de lado. Frases como “trabajo a la mano de Dios” o “a la voluntad de Dios, indicaban que Sanclemente, a sus 28 años, tenía claro ese panorama.

El hecho cierto es que la noche del 19 de abril la muerte sorprendió a Niumar, aunque evidentemente no le llegó de “la mano de Dios” sino de la de un hombre que le disparó mientras actuaba en el control de una supuesta manifestación política en la ciudad de San Antonio de Los Altos, un suburbio de clase media ubicado a unos 15 kilómetros de Caracas, la capital venezolana

Neumar José Sanclemente Barrios GNB asesinado

El sargento se encontraba sobre un puente o elevado cuando un proyectil lo alcanzó en el rostro. Fue suficiente para arrebatarle la vida. A su lado, herido en una pierna, cayó el coronel Juan Carlos Arias Méndez. Casi simultáneamente un vehículo antimotin del mismo componente fue atacado con bombas incendiarias que permitieron mostrarlo en redes sociales y en la web como si efectivamente se estuviera quemando.



Ambos hechos (el asesinato y el supuesto incendio) fueron celebrados por partidarios de los atacantes y activistas antichavistas en twitter y en facebook. No sólo justificaban el crimen con el argumento de homologarlo a un acto de guerra, sino que lo festejaban en un plano personal.

En una especie de aquelarre digital fue posible ver como señores con cara de respetables padres de familia, señoras con aspecto de amantísimas amas de casa, así como dulces niñas y adolescentes expresaban sin pudor ni temor su felicidad por el asesinato. Además lo mostraban como ejemplo para que en otras ciudades se hiciera lo mismo.

Incluso cuando poco después se divulgaron fotos del sargento Sanclemente y se supo que era padre de una bebé, lo que hizo recordar que era humano, muchos exhortaron a quienes comenzaron a cuestionarse el crimen, a recordar que sin duda era una técnica de propaganda y desmoralización usada por el “regimen”. Y afirmaron que eso estaba bien para que los demás entendieran que lo mismo podía pasarles si seguían defendiendo la “dictadura”.

Balas, fuego, piedras

Pero el asesinato de Niumar no fue un hecho aislado, limitado geográficamente o producto de alguna actuación individual. Desde ese día, 19 de abril, hasta la segunda semana de mayo, más de 70, sí, setenta, guardias ha resultado heridos. La mayoría por piedras y objetos contundentes, pero llama la atención que al menos 12 fueron alcanzados por proyectiles disparados con armas de fuego, lo que indica nítidamente que no se enfrentan a indefensos manifestantes pacíficos que agitan sus manitas desarmadas.

En cuanto a la dispersión geográfica de los lesionados, vale anotar que 25 casos ocurrieron en el Área Metropolitana de Caracas (Capital y Miranda), 17 en Falcón y 15 en Barinas (concentrados en Socopó, en el eje andino).

Paradójicamente, mientras se evidencia con los hechos, testimonios y registros audiovisuales el uso de armas de fuego, los efectivos de la Guardia van desarmados a las actividades de control del orden público, no utilizan dispositivos que puedan ser letales y sólo emplean gases lacrimógenos autorizados por las regulaciones internacionales en la materia, según lo explicó el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López , entrevistado por la cadena rusa RT.

Asimismo el presidente Nicolás Maduro prohibió el uso de perdigones plásticos, según lo informó el vicepresidente del área social, Elías Jaua el 6 de mayo.

Los resultados de esas medidas, asi como de la experticia de la GNB en el control de manifestaciones, se han visto en la mínima cantidad de víctimas: solo un efectivo ha sido asesinado (sin duda, lamentable) y la Guardia es investigada por el caso de la muerte de un sólo manifestante, Gruseny Canelón, en Barquisimeto.

En contrapartida, durante la anterior explosión de violencia fascista, La Salida en 2014, fueron asesinados al menos seis efectivos militares, incluyendo dos oficiales, y el componente se vió involucrado en la muerte de dos personas.

Paradójicamente, mientras por el crimen de Sanclemente aún no hay detenidos, por la muerte de Canelón el Ministerio Público ordenó la privativa de libertad para 14 militares. En los casos de 2014 la actuación jurisdiccional ha sido contundente para sancionar a los uniformados (hay varias condenas ya), mientras que la persecusión de los victimarios de los guardias apenas ha logrado la captura de dos jovenes que actuaron en el homicidio del capitán Ramzor Bracho, en Valencia.

Fascismo contra la GNB

Pese a estos datos que dan cuenta de la actuación quirúrgica y profesional, la GNB se ha convertido en el objetivo mediático de la conspiración. Aunque no haya estado actuando en las locaciones casi todas las muertes de civiles son atribuidas por los grupos, voceros y medios de oposición al componente militar.

Tres casos emblemáticos de fallecimientos en Caracas, los de Juan Pablo Pernalete (Altamira), Andrés Cañizales y Miguel Castillo (Las Mercedes), fueron atribuidos automáticamente a la acción de la GNB, incluso con alegatos tan fantasiosos
como disparos horizontales de dispositivos de gases lacrimógenos.

Paradójicamente, en los tres casos no hay ni siquiera una narrativa de la supuesta acción de los militares en cada evento, y por el contrario todos los elementos indican que trató de asesinatos programados o al menos por “fuego amigo”.

Es decir, una primera conclusión apunta a la existencia de un plan para liquidar física y moralmente al componente militar. Y en lo moral y emocional por dos vías: por una parte debilitando la disciplina de combate y el espíritu del cuerpo, y por la otra criminalizando la actuación legítima y ajustada a la ley de la institución.

¿Cuál es el objetivo de esto?

Sencillamente eliminar la principal barrera de defensa de la ofensiva que, como parte de la guerra de cuarta generación, los factores de poder mundial y la burguesía venezolana, aliada con el capital transnacional, han emprendido contra la nación.

El modelo de conflicto está anclado en la activación de fuerzas beligerantes no tradicionales, conformadas por civiles con adiestramiento de combate, pero que combinan roles y formas de lucha. Pueden actuar como activistas políticos o sociales, que protestan pacíficamente, influenciadores de la agenda pública que inciden en lo cultural y lo simbólico, o como “combatientes” urbanos que ejercen diversos grados de violencia para imponer el caos y la ingobernabilidad.

Un plan macabro

En este momento, sólo la GNB por su experiencia, formación y disciplina tiene la capacidad y la flexibilidad para adaptarse a ese ejército de ocupación interna o a ese “soldado-masa” en que los aspectos psico-emocionales de la ofensiva imperial han convertido a una parte minoritaria, pero no por ello despreciable, de nuestra población.

Liquidar en lo moral (y de ese modo en lo concreto) a la Guardia, es una condición imprescindible para la siguiente fase del plan insurreccional contra Venezuela, que es la confrontación apocalíptica con los componentes tradicionales, orientados a la defensa ante los enemigos externos de la Nación, como el Ejército, la Armada y la Aviación.

Ya han hecho los ensayos, como ocurrió con los saqueos de El Valle el 20 y 21 de abril, que incluyó un ataque controlado a una de las alcabalas de Fuerte Tiuna y eventualmente un intento de ocupación “civil” del complejo militar. Y más recientemente con el pretendido asalto de “manifestantes pacíficos” a la base aérea Miranda, en La Carlota.

Que nadie se equivoque.

Víctor Hugo Majano / Cuatro F


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