Honduras y las "infraburguesías" latinoamericanas


Las "burguesías" latinoamericanas son profundamente idiotas y carecen en absoluto del más mínimo sentido de supervivencia.
Zelaya, el presidente de Honduras, es un terrateniente y empresario maderero, dirigente gremial del sector, con un historial de más de 40 años como "agente" político de los sectores dominante de ese país. Ha sido diputado, ministro, jefe partidista y director de orquesta de los aparatos de control social de Honduras.
Obviamente, a diferencia de sus imbéciles compatriotas que han contralado históricamente el poder económico y político, Zelaya si tiene sentido de supervivencia.
Porque es imposible, es biológicamente inviable, mantener el "control metabólico social" (como dice Mészaros) en una sociedad con ingresos per capita menores a los 2 mil dólares y con una tasa de desempleo superior al 30-40 por ciento. Y recuérdese que el PIB por cabeza es simplemente un promedio,  es decir que ustedes se podrán imaginar.
Mel, como le dicen, parece que hizo una que otra cosa para mejorar la situación. El tipo tiene su toque abiertamente populista, pero sus planes se parecen mucho a los promovidos por el FMI en los 90: le dan comida a los muchachitos en las escuelas, subsidios al transporte y ese tipo de cosas de lo más neoliberales. Ni de vaina parece un adeco. Según una nota que acabo de ver el tipo dice que "Honduras necesita un verdadero liberalismo social, o lo que es lo mismo, un liberalismo socialista".
Marx diría que el carajo no es más que una "personalización" del capital. Es decir, su actuación solo le permite al modelo del capital asegurar su supervivencia. La dominación tiene que ser sustentable. De lo contrario se destruye, estalla.
Pero resulta que eso no lo entiende, en su imbecilidad esencial, la burguesía hondureña. Ellos dicen que Zelaya es un agente del comunismo internacional y del mismo Diablo en persona. Los muy tarados no se dan cuenta que su supervivencia depende de Mel y de sus políticas "neoliberales" que tratan de suavizar las condiciones económicas y sociales de la mayoría. Todo eso aderezado con un discurso que en lo político promete una mayor participación. Nada mas.
Y por eso actúan igual que algunos sectores de la burguesía venezolana, o de la boliviana o de la ecuatoriana.
En el 99 y el 2000 Chavez hablaba de una Tercera Vía y de su hermandad con Blair. Y solo uno o dos años más tarde lo estaban derrocando como en los mejores tiempos de los Ejércitos fascistas del Cono Sur. Hoy, y después de llevar el palo parejo, Chávez entendió (o ha comenzado a entender) que estos “infraburgueses” son tan tarados e imbéciles que ellos mismos han decretado su desaparición, y que cualquier proceso transformador implica la ruptura con el modelo del capital.
En Bolivia, donde la antihistoria llego a un nivel tan aberrante como que ningún indígena había sido presidente en una nación con más del 70 por ciento de población indígena pura, vuelve el fantasma del comunismo con una ley de reforma agraria que limita el latifundio. Pero que paradójicamente permite y protege propiedades agrarias de hasta 10 mil hectáreas (coño, como si eso no fuera latifundio).
Y en Ecuador, donde el modelo del capital esta tan vivo que hasta la moneda de curso legal es el mismísimo dólar americano, Correa apenas habla de un socialismo ecuatoriano del siglo XXI que tendría como característica fundamental el tránsito hacia “una economía realmente productiva y generadora de empleo.” (¡?)
Pero esas “burguesías” (que ni lejanamente merecen usar esa categoría) no entienden que los procesos de reformas y cambios constitucionales iniciados hace 10 años estaban encaminados (al menos en ese momento) a remozar, a cambiarle la cara, a humanizar un poco el modelo del capital. Especialmente después de la ofensiva neoliberal de los 80 y 90. Su imbecilidad se ha convertido en el mejor aliado para pasar del discurso de la “lucha contra la pobreza” al de la “construcción del socialismo del siglo XXI” y de las reformas del modelo capitalista al de su ruptura.
Eso va a pasar inevitablemente en Honduras y ahora catalizado, impulsado por la burguesía local.
No sé si será realismo mágico o simplemente una expresión extrema de las contradicciones del capital, pero indudablemente es asombroso que la eventual construcción del socialismo en América Latina esté dirigida por un militar pequeño-burgués, un académico con porte de actor de telenovelas de los 50, un indio cocalero y ex-futbolista y un terrateniente y empresario maderero.

Publicado en Facebook el 26 de junio de 2009
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