La lluvia fue el inicio de una gran fiesta



05/10/12.- Miguel Ángel, un baterista de 20 años y estudiante de Sicopedagogía, salió ayer de su casa en Gramovén, en Catia (al oeste de Caracas), a las 9:30 de la mañana para ver a Chávez en su cierre de campaña por la elección presidencial.
Se encompinchó con tres tíos, tres primos, dos vecinos y un amigo dominicano que consiguió las franelas estampadas con los “ojos de Chávez”. Al él le tocó una color verde limón con el estampado en rojo.
Caminaron, conversaron y se integraron al bonche que se extendió por la ciudad desde la plaza de Catia hasta el bulevar de Sabana Grande.
La lluvia los atrapó en la esquina de La Bolsa, frente al Capitolio Federal, donde armaron la rumba con algunos instrumentos de percusión que cargaban unos militantes merideños.
Minutos después se lanzaron hacia la avenida Bolívar, adonde lograron llegar poco antes de que el candidato Hugo Chávez iniciara su recorrido por el eje central de la concentración.
Chávez vio a Miguel Ángel, es decir, puso su vista donde él estaba, aunque reconoce que no cruzaron la mirada.
Sin embargo, lo que vio en los ojos del candidato le dio tranquilidad. Sintió que le decía que todo andaba bien.
Comparó esa mirada con la de su padre, quien murió hace un año por una patología estomacal. Era un hombre de 59 años que le enseñó dos cosas: a moverse por la ciudad y a cocinar para no depender de una mujer.
A Chávez lo vio como destacando sobre el fondo, con un cierto brillo, como si fuera “la imagen de un Jesús”.
Miguel Ángel contó que estudia en una universidad privada, ya que su área de estudio no se ofrece en el sistema público.
Por eso sus compañeros de curso son muchachos que, sin poseer mejores condiciones de vida que él, han adoptado los valores de las capas sociales más altas.
Dice que no estudian ni son lectores habituales, y que su identificación con las opciones políticas de oposición son producto de una especie de “moda”.
Explicó que los jóvenes de su edad, que optan por respaldar al candidato opositor, creen que todos los beneficios que ha promovido el Gobierno Bolivariano se mantendrán con la llegada hipotética al poder de alguien distinto al actual Mandatario.


CHAVISTAS POR DOQUIER
Ayer, como a Miguel Ángel, a muchos les tocó caminar. Las calles cerradas impedían el transporte superficial, mientras que en la red del metro el colapso era total.
La Línea 3, que va desde el Hipódromo hasta la Plaza Venezuela, se llenó con pasajeros que formaban parte de los partidarios de Chávez que venían desde el occidente del país.
Los maracuchos quizá no eran la mayoría, pero sí quienes se hacían escuchar haciendo bromas con su peculiar acento.
La posibilidad de abordar era sólo factible hasta la estación Los Jardines, y si unos tres larenses pudieron hacerlo en La Bandera, fue por su insistencia y empujones.
A esa hora sólo era posible llegar hasta Plaza Venezuela: abordar el metro con dirección al centro no era viable. Incluso los trenes con dirección al este ya venían llenos con chavistas “rojo-rojitos”.
En la mezzanina de la estación, decenas de pasajeros usaban celulares para tomar fotografías de la enorme congestión en el andén.
La opción de caminar se hizo obligatoria y así los alrededores de la fuente se convirtieron en un nuevo punto de la concentración.
Allí llegaban todos: los autobuses y usuarios del subterráneo. Todos los caminos conducían hacia el centro de la ciudad, y lo mejor es que no había un solo camino.
Pero además el lugar sirvió también para concentrar y ver a esos caraqueños que rara vez visitan la ciudad formal.
Como ocurrió en 1998, cuando el mismo Chávez cerraba su campaña, había personas que no encajaban en ese espacio por su vestimenta y su calzado.

LLENO TOTAL AL MEDIODÍA
Antes de la una de la tarde era imposible avanzar más allá del hotel Alba Caracas, a lo largo de la avenida México. La gente se ubicaba por delante y por detrás de la tarima instalada frente a la estación Bellas Artes y las parejas se movían al ritmo de música bailable.
Pensar en ir hasta la avenida Bolívar no tenía sentido. Allí no cabía nadie.
Quizá la opción era avanzar hasta la avenida Universidad o buscar el norte en la avenida Urdaneta.
A eso de las 2 de la tarde el cielo se oscureció y en unos 20 minutos comenzó el aguacero. Cordonazo o no, fue fuerte e intenso.
Si en la Bolívar y alrededores la gente se mantuvo en su lugar, en las zonas más lejanas el comportamiento fue similar.
Se mojaron con alegría y cuando supieron que Chávez llegaba se lanzaron a la calle, pese a la intensa corriente, para acercarse.
Desde enormes cornetas y pantallas de televisión se escuchaba y se veía al comandante Hugo Chávez. Y los presentes aplaudían y gritaban como si estuvieran frente al candidato.
Cuando terminó el especialmente breve discurso, la gente no se movió. Comenzó a caminar de un lado a otro bajo la llovizna que persistía.
Y era comprensible. Apenas eran la 3:30 pm de la tarde y el día aún sobraba. Los que debieron irse fueron los activistas de otros estados. Pero los caraqueños se quedaron dando inicio a una fiesta que se extendió hasta la medianoche.
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Guateque, templete o bonche

Caracas ayer fue un guateque. Bueno, es decir, un templete o, en cualquier caso, un bonche.
Aunque quizá no es ninguno de los dos primeros, ya que el guateque se refiere a una fiesta doméstica y el templete es un quiosco, aunque preferencialmente se destine a una celebración.
Pero el bonche sí se define como una fiesta o reunión donde se bebe y se baila. Y justamente eso fue lo que se hizo ayer en el macrocentro de Caracas, incluyendo las siete avenidas donde se convocó el cierre de la campaña electoral y en los alrededores de la Plaza Bolívar.
El bonche, pues, comenzó temprano y siguió toda la tarde, pese a la lluvia que tuvo presencia intensa durante una hora al menos.
Luego de la intervención del candidato Chávez la lluvia comenzó a amainar y el bonche se avivó.
Frente al Parque Carabobo la gente brincaba y bailaba con el puño en alto frente a una tarima con grandes cornetas y frente a cámaras de la televisión pública.
Sin camisa, entre Perico y Tracabordo, una decena de muchachos brincaba abrazada al ritmo de la música de campaña. Mientras, bajaban torrentes de agua por la avenida Universidad.
Antes, muy cerca de Bellas Artes, dos catires extranjeros desplegaban una pancarta que indicaba que eran australianos en solidaridad con la Revolución Bolivariana, mientras la gente posaba haciéndose fotos.
Más tarde, pasadas las 7 de la noche, frente al BCV, en la avenida Urdaneta, unos cantaban e improvisaban salsa y rapeo sobre una tarima con excelente sonido. Las bebidas, de distinto tipo, corrían de mano en mano desde enormes tobos con hielo. La lluvia provocó una caída en los precios de las cervezas. La canción temática “Chávez, corazón del pueblo” invitaba al baile espontáneo e individual.

VÍCTOR HUGO MAJANO/CIUDAD CCS
FOTO MARCOS COLINA/NANCY CERVANTES

*Las imágenes originales se desvincularon por cambios en el sitio web de Ciudad Ccs
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