Banco gallego de Banesco se gana en un año más del costo de su compra

Si alguien no cree que el banquero asturiano-venezolano, Juan Carlos Escotet Rodríguez, es arrechísimo para hacer buenos negocios entonces revise esto.

El dueño de nuestro criollito Banesco compró en España en diciembre de 2013 un banco quebrado y que fue rescatado con fondos públicos por 9 mil millones de euros.

Sin embargo el grupo de Escotet lo compró por sólo 1 mil 3 millones de euros y en cómodas cuotas, es decir quedó debiendo 600 millones para pagarlos en 2018.

Y en sólo un año, o sea en 2014, se ganó 1 mi 157 millones de euros, lo que es equivalente a decir que recuperó la inversión. O más que eso, toda vez que aún no paga lo que le fiaron.


Ahora los españoles se están preguntando si la venta del entonces Novagalicia, que opera en Galicia, al venezolano Banesco se hizo por el monto correcto, ya que es evidente que su situación no estaba tan comprometida si en sólo un año es capaz de capitalizar una suma mayor  al monto por el cual fue subastado.

Probablemente no están al tanto de los chistes sobre gallegos que se hacen en Venezuela y al conocimiento que sobre esa comunidad habrá adquirido Escotet como funcionario bancario y corredor de bolsa para convertirse en banquero tras una mítica operación en los años 90 que sacó del juego a su patrono Orlando Castro

Según las cuentas de Abanca (que es la denominación que el venezolano le dio al extinto Novogalicia), los beneficios de 2014 casi duplican los contabilizados antes de impuestos, que son de 601 millones. La razón de esta situación es que se ha aplicado la normativa contable que permite diferir impuestos a través de los denominados créditos fiscales. Este instrumento son ahorros de impuestos que las entidades generan cuando tienen pérdidas y que pueden recuperar en el futuro, dice la nota del diario El País.

Si quiere lea otra vez para entender o déjeme tratar de explicarle. En una política impositiva un tanto curiosa todo indica que si su trabajo como banquero arroja pérdidas no sólo no debe pagar impuestos sino que el Estado se los comienza a deber a usted. Entonces como nuestro compatriota compró ese banco también son suyos los créditos fiscales causados por los anteriores operadores.

El negocio así es una maravilla porque las pérdidas las absorbió el Estado español con el dinero de españoles y gallegos, y además le regalan impuestos a futuro por su mal desempeño empresarial.


Abanca, continúa El País,  ha utilizado un 25% del total de los créditos fiscales que le corresponden, lo que se traduce en esos 556 millones adicionales que se suman a su beneficio. Otra de las claves de las cuentas de Abanca son los ingresos de 432 millones por operaciones financieras, ventas de activos de renta fija a vencimiento de la cartera que tiene el banco. Esta operación precisa de la autorización del Banco de España.

Con las cuantiosas ganancias, Escotet se plantea acelerar el abono de la parte que aún le debe al FROB (la entidad pública que le entregó a Novagalicia el dinero del rescate), es decir, 600 millones de los 1.003 millones pendientes de pago, cuyo plazo acaba en 2018.

El dueño de Banesco ve “razonable” (coño que si no) el adelanto de este dinero “dada la holgura” de los resultados de la entidad, aunque advitió que aún no existe un “acuerdo definitivo” con el FROB para estos anticipos. “Algo hemos adelantado con ellos”, se limitó a señalar. Con las ganancias, Abanca repartirá un “escaso dividendo”, asegura Escotet, que se fijará en función del acuerdo para reducir la deuda con el FROB. Por lo pronto, la dirección del banco recomendará al consejo de administración que no reparta entre los accionistas “más allá del 15% del beneficio”.

Con esas fabulosas ganancias Escotet, según El Períodico de Galicia, habría comprado tres residencias en territorio español: una en Madrid, otra en A Coruña -en un lugar muy visible por cierto- y una tercera en Pontedeume (entre Ferrol y A Coruña).


Por supuesto, lo llamativo es mientras esto es un escandalazo en la Península, aquí nuestros grandes medios no dicen ni pío, aunque sea para celebrarle la gracia al compatriota.

Como tampoco han querido informar sobre la aparición del nombre del banquero en la famosa Lista Falciani de clientes con cuentas secretas en el banco suizo HSBC.

Hace apenas dos semanas el diario El Confidencial informó que Escotet tenía 4,5 millones de dólares en el HSBC de Ginebra a título personal y otros 7 a nombre del banco. Eso lo indicaban los documentos de la lista Falciani desvelados por una investigación internacional coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y Le Monde, en la que participa El Confidencial en exclusiva para España.

Estas cantidades, sigue El Confidencial,  se dividían en una cuenta personal abierta en 2005, donde alcanzó una cantidad máxima de 4,57 millones de dólares en el período 2006-2007, y otra a nombre de Banesco con otros 7,04 millones. Esta última fue abierta en 2004 y Escotet era también apoderado de la misma. En total, 11,6 millones de dólares, unos 10,3 millones de euros al cambio actual. Finalmente, hay una tercera cuenta a nombre de Luis Xavier Luján, antiguo socio de Escotet en Banesco, con otros 1,8 millones.


Juan Carlos Escotet no es residente fiscal en España, sino en Venezuela. Según un portavoz del mismo, "las cuentas en HSBC correspondientes a 2006-2007 está declaradas al regulador venezolano y a la autoridad fiscal de Venezuela" (¿Qué dirán Sudeban y el Seniat?. Asimismo, explica que la cuenta a nombre de Banesco es una cuenta de custodia de valores en la cámara de compensación y liquidación Euroclear, básicamente para operar con bonos venezolanos y necesaria para la operativa mundial de este tipo de activos.

Por supuesto el trato mediático tan cuidadoso ofrecido a Escotet contrasta con el que se le dió a los datos que indicaban que el Estado venezolano tenía depósitos en ese banco debidamente registrados a nombre de la Tesorería Nacional y del estatal Banco del Tesoro.

Tanto así que en Venezuela casi nadie se enteró sobre su presencia en la valiosa lista, que ahora los medios no quieren mencionar.




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